Real Madrid 4 – Atlético de Madrid 1. Resistencia a la derrota.

mayo 25, 2014

Un cabezazo para la eternidad

El día más necesitado, cuándo más hacía falta, afloró la mejor característica de nuestro equipo: la resistencia a la derrota. Butragueño acostumbra a decir que fue una cualidad que nos trajo Di Stéfano allá por los 50, cuando casi nunca ganábamos nada. Hay veces, muchas, que el Madrid gana porque ha sido mejor que el rival. Pero éso está al alcance de cualquier equipo, les pasa a casi todos. Pero el Real Madrid además gana cuando no juega bien. ¿Por qué? Por su resistencia numantina a la derrota, porque pelea hasta el final, porque sabe que hasta que el árbitro no pita puede caer un gol que cambie todo. Pasaba en las remontadas europeas de los 80, en la liga de Capello… y ocurrió anoche.

Carlo Ancelotti equivocó el planteamiento de cabo a rabo. Alineó a Khedira en el lugar de Xabi Alonso, y el alemán demostró que no tiene capacidad para organizar el juego. Lento y torpe, tampoco le ayudó la inactividad de siete meses que ha tenido este año. Pero Carletto pensó que alinear a Illarramendi podía suponer acabar con la carrera madridista del del Mutriku, quien ha demostrado otras veces que los partidos grandes aún le vienen grandes. Además, salió con dos delanteros tocados, Benzemá y Ronaldo. Ninguno de ellos cuajó una buena actuación. Claro que el gran error en la alineación lo cometió Simeone, que puso a Costa de titular y duró 8 minutos en el campo, lo que supuso gastar un cambio, demasiado peaje en un partido de tanto desgaste.

Durante el primer tiempo no pasó nada, como le gusta al Atleti. Jugar al fútbol contra equipos de Simeone, o de Mourinho, es como intentar hacer el amor con un árbol (la frase es de Angel Cappa, creo). En todo el primer tiempo cada equipo cometió un error. Empezó el Atleti, con una mala entrega de Thiago que cayó en el pie de Bale, el galés avanzó y, cuando el gol parecía cantado, disparó de forma horrible. En realidad Gareth definió como si tuviese dos ladrillos en los pies durante toda la noche, para desesperación del madridismo, pero la Diosa Fortuna debe tener simpatía por los galeses, pues le guardó un buen pedazo de la tarta de la gloria. Poco después, tras un corner – el peligro del Atleti es el balón parado, y no hay otro – , la defensa despeja y Juanfran devuelve el balón al área. Modric abandona el palo que defendía y saltan Khedira y Godín. Casillas da un paso adelante y duda de forma terrorífica. Godín gana el salto y el balón sortea a Casillas como una hoja de árbol caduco, para alojarse en la red blanca. Posiblemente la mayor cantada de Casillas en su carrera deportiva, dado el momento y el lugar. El caso es que el Madrid no aprovechó el error rival pero el Atleti sí. El escenario ahora era el peor posible, pues si el árbol ya es estrecho por naturaleza, con un gol de ventaja de vuelve un cactus.

En el minuto 60 Ancelloti vio que la final se le escapaba entre los dedos y realizó un doble cambio: Isco y Marcelo x Khedira y Coentrao. Sacamos talento, tocamos a rebato y a ver si cae un gol por la tremenda. El Madrid seguía sin jugar bien, pero cada vez insistía más en marcar. Di María percutía una y otra vez, Isco ayudaba en la circulación, Modric comenzaba a aparecer… pero seguían faltando los delanteros. Benzemá y Ronaldo no aportaban, y Bale seguía disparando con la uña una y otra vez. El mérito fue seguir insistiendo, pese a la mala pinta que tenía el asunto. A estas alturas el Atleti ya había empezado a perder tiempo (Filipe tardó más en retirarse que Antoñete, Simeone desplazaba lejos los balones que le caían…) y lo que fue su tumba: se metió en su área. Caían los corner, se sucedían las ocasiones… pero Courtois no hizo ningún paradón. El árbitro concedió 5′ de descuento.

En el 92′ sacó el Madrid un corner, que dio paso a otro corner. Corría el minuto 92’32” cuando Modric colgó al área el enésimo corner, justo al punto de penalty. Allí se levantó, como un príncipe, Sergio Ramos García. El héroe de Munich. Aquel de quien tanto se rieron cuando mandó un penalty al anfiteatro. Ramos es heredero de Pirri, de Camacho, de Hierro, … lleva nueve años en el Madrid y no soportaba que se le escapara la Copa de Europa. Su remate de cabeza fue perfecto, fuerte y ajustado al palo, imposible para el portero atlético. El decorado cambió tras ese cabezazo: el Atleti, que se veía campeón, sufrió el mismo dolor que en 1974, cuando en el último suspiro otro defensa (también de blanco, también con el 4) que arrebató la gloria en el último suspiro.

El empate alargaba el partido 30′ más, pero los equipos afrontaron el alargue de forma antagónica. Los rojiblancos estaban rotos, especialmente Koke y Juanfran, que no podían ni moverse. ¡Ay, ese cambio de Costa! En cambio los blancos se veían como el árbol talado que retoña, que diría Miguel Hernández: aún tenían la vida. No podía consentir el Real Madrid llegar a los penalties, que no dejan de ser una lotería. La primera parte de la prórroga acabó sin goles, pero en el minuto 110 Di María entró por la banda izquierda como cuchillo caliente en mantequilla. Qué mérito tiene el rosarino: cuando nadie puede seguir corriendo él se marca la jugada del partido. Chutó con el exterior, Courtois despejó como pudo y el balón quedó suelto al alcance de Bale, que por suerte usó la cabeza y no la uña. En un buen escorzo, puso al Madrid en ventaja. Se antojaba definitiva pues el Atleti no tenía ni un gramo de placenta de yegua con la que hacer fuerza. Con el partido roto, Marcelo marcó el tercero, un gol que le reivindica como el mejor lateral posible cuando hay que agitar el partido. Y aún hubo tiempo para un penalty, dos minutos después, sobre Cristiano Ronaldo. El portugués convirtió el gol y dejó en 17 el record de goles en una temporada de Champions. La alegría era mayúscula, el cielo de Lisboa esperaba para ver a Iker Casillas levantar la Copa de Europa.

Cuando dentro de unos años consultemos los libros, el 4-1 nos hará pensar que esta final fue coser y cantar, parecida a la de 2000 ante el Valencia. Nada que ver. Ésta Copa de Europa sabe a gloria porque ninguna de las conseguidas llegó a estar tan lejos de nuestras manos. La Copa estaba en manos de los vecinos, hasta que Ramos nos recorcó que él también lleva en los genes la resistencia a la derrota.


y IX. Real Madrid 2 – Bayer Leverkusen 1

mayo 21, 2014

En Glasgow, igual que en 1960, se conquistó la Copa de Europa que pasará a la historia por el gol de volea que consiguió Zidane y las paradas que hizo Casillas tras sustituir a César


VIII – Real Madrid 3 – Valencia 0

mayo 21, 2014

Última final del siglo XX y primera ocasión en la que se enfrentan dos equipos del mismo país. El Valencia llegaba como favorito tras haber eliminado al Barcelona en semifinales, pero el Real Madrid, dirigido por Fernando Redondo tuvo una tarde de pic-nic en París. Morientes, McManaman y Raúl fueron los autores de los goles. El tercero lo marcó el 7 tras carrera de 60 metros en solitario. Inolvidable.


VII – Real Madrid 1 – Juventus 0

mayo 21, 2014

Una travesía del desierto de 32 años terminó el 20 de mayo de 1998 en Amsterdam. El Real Madrid se volvió a proclamar Campeón de Europa ante un equipazo. La Juve de Zidane, Davids, Del Piero, Deschamps… era favorita, pero el peso de la púrpura y una actuación memorable de cuatro héroes: Sanchís, Hierro, Redondo y Mijatovic, con su gol, devolvió el trofeo a Madrid.

En este vídeo cuenta Mijatovic aquel gol


VI – Real Madrid 2 – Partizan 1

mayo 20, 2014

En 1966 el Real Madrid consiguió una de esas cosas que nadie conseguirá: ganó la Copa de Europa con un equipo en el que no había extranjeros. Serena y Amancio fueron los autores de los goles que tumbaron al campéon yugoslavo en el Estadio Heysel de Bruselas.


V – Real Madrid 7 – Eintracht Franckfurt 3

mayo 20, 2014

Calificado por muchos como el mejor partido de fútbol de la historia, el Real Madrid consiguió su quinta copa de Europa consecutiva en el estadio Hamden Park de Glasgow. Se adelantó el equipo alemán, pero aquel Madrid era un ciclón. Y lo más increíble de aquel partido es que los goles blancos se los repartieron entre Di Stéfano (3) y Puskas (4). Mi gol favorito es el tercero, obra del genio magiar.


IV – Real Madrid 2 – Stade Reims 0

mayo 19, 2014

Se repetía la final de 1956 tres años después. La mejor historia de esta final es que, con 1-0, el Madrid dispuso de un penalty a favor. El encargado era Di Stéfano, pero Mateos, que había marcado el primero y tenía que renovar el contrato, le pidió a la Saeta el lanzamiento. “Te lo dijo si tiras fuerte”. Mateos lo coge, tira a colocar y se lo parar. Di Stéfano quería matarle. Poco despúes, Alfredo marcó su inevitable gol (marcó en las cinco finales que ganó) y se quedó un poco más tranquilo.